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¿De qué tenemos miedo?

Las actitudes del consumidor ante los alimentos nos brindan buenos y numerosos ejemplos para explicar en qué consiste lo que se ha dado en llamar la “percepción subjetiva del riesgo”.

Con mucha frecuencia, constatamos que se adoptan actitudes de cautela, y hasta de rechazo, frente a pretendidos peligros que, en la práctica, no son tales. Y al mismo tiempo, asombra comprobar con qué relajación se llega a convivir con situaciones – en ocasiones creadas incluso por el propio consumidor- cuyo potencial para causar problemas de salud está más que contrastado en la literatura científica.

Quizá sea humano amedrentarse ante lo desconocido. ¿Radica precisamente ahí, en el gran desconocimiento, la clave de tantos temores infundados? Desconocimiento, por ejemplo, de las exhaustivas y radicales condiciones de evaluación a las que se someten los plaguicidas, los aditivos, los procedimientos biotecnológicos y los productos resultantes de los mismos… antes de autorizar su utilización para el consumo. A la hora de la verdad, son muy pocas las cosas acerca de las que pueda predicarse una supina ignorancia que nos deba desatar temores apriorísticos. Además, siempre se puede recurrir al Principio de Precaución.  Sin embargo, hay quien se expone a peligros reales o potenciales bien conocidos, dejando de rechazar productos perecederos gravemente privados de la cadena de frío, o comprando en puntos no controlados alimentos de trazabilidad dudosa y nula higiene, por hacer prevalecer conceptos equivocados de ahorro, ecología o respeto medioambiental.  La sociedad necesita conocer.

JOSE IGNACIO ARRANZ RECIO

Foro Interalimentario

Director General

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